Denominamos divisa a toda moneda extranjera, es decir, a las monedas oficiales distintas de la moneda legal en el propio país.

Mientras que la moneda local es la moneda de referencia de un país, la moneda local y oficial de un territorio. Se considera divisa a todas aquellas monedas distintas de las del país de origen.

También es preciso diferenciar entre divisa y moneda. Mientras que la segunda hace referencia al conjunto de metales y papel, que es lo se considera dinero en metálico, la divisa hace referencia al término nominativo de la moneda de otro país.

En un mundo globalizado donde existen multitud de países y sistemas monetarios realizando transacciones, es habitual encontrarse con empresas y estados que tienen diversas divisas para poder comercializar. En el caso de Europa existe una unión monetaria, esto es, una misma divisa para un conjunto de países.

Las divisas son consideradas como un activo, ya que es dinero de otros países y tiene un valor. Este valor se consigue cotizando o marcando un valor fijo por un estado u organización. En los mercados de divisas, todos los días se realizan transacciones de compra y venta de divisas en función del interés que tenga para un sujeto esa moneda, por lo que es habitual que fluctúen, que cambien de valor. Al igual que la bolsa, el interés o desinterés por una moneda hace que se aprecie o se deprecie. Si queremos comercializar con China o tenemos inversiones en Estados Unidos tendremos que  adquirir yuanes o dólares respectivamente, y el volumen de compra y venta determina el valor de una divisa con respecto a otra.

Cada divisa tiene un valor concreto con respecto a otra, relación que se conoce como tipo de cambio. La relación puede ser directa (por ejemplo, para un europeo, saber cuántos euros son 1 peso colombiano) o indirecta (a cuántos pesos colombianos equivale un euro).