El FIFO se trata de un método contable muy útil a la hora de calcular del valor de un inventario. Este inventario, por su naturaleza, puede ser de productos de la empresa, las materias primas con las que trabaja o también componentes necesarios para su producción habitual.

Las siglas que dan lugar a su nombre proceden de la expresión inglesa “firts in, firts out“. Es decir, “lo que primero entra, primero sale“.

El criterio FIFO es muy recurrente a la hora de valorar inventarios compuestos por productos caducos o perecederos; en otras palabras, se seguirá el orden necesario para que las piezas a las que primero se dé salida sean las más próximas a caducar o alcanzar una obsolescencia.

La diferencia básica respecto al LIFO es que se da salida a las unidades que entraron en almacén en primer lugar. Es decir, el orden cambia.

En el primer caso, podríamos poner como simple ejemplo el de los mercados de alimentos, donde se intenta dar salida a los productos que antes llegaron a las existencias y que más pronto pueden tener su fecha de consumo preferente. En cuanto al segundo hablaríamos de un caso menos observable a simple vista. Cada año podemos comprobarlo en mercados como el de la moda, donde se trata de vender a final de temporada productos en stock desde hace meses o años atrás y que, presumiblemente, no estarán “a la última” en próximas fechas.

Siguiendo lo dicho, el criterio marcado por el FIFO indica que la unidad a ser vendida a continuación deberá ser aquella que lleve más tiempo almacenada, provocando una constante renovación de inventario para evitar estancamiento en almacén y la salida de todo el producto.

Si ponemos como supuesto una economía donde los precios suben (es decir, con inflación), el método FIFO puede ser útil a la hora de dar valor a los productos que tenemos almacenados. Gran cantidad de empresas lo hacen de este modo con el objetivo de dar salida a los productos que se fabricaron a precios más bajos y conservando guardados aquellos que ha costado más producir. La imagen de la compañía mejoraría a simple vista trabajando de esta manera, a priori.

¿Por qué? Porque cada unidad se valora según el precio del momento en que fue añadida al almacén, por decirlo de alguna manera. Luego la empresa va dando salida a lo barato en una economía de precios ascendentes y conservando lo más valioso.

Conclusión, vendemos a precio de mercado productos valorados en términos de fabricación muy bajos, provocando un beneficio para la empresa mayor que si vendemos los posteriores.