El papel pelota o papel de colusión es una práctica fraudulenta realizada principalmente por individuos o empresas libradoras que descuentan efectos comerciales para poder financiarse de manera ágil pero sin respaldar por una actividad económica válida o real.

Se trata de la creación de letras de descuento ficticias o no respaldadas por parte de empresas con el objetivo de conseguir financiación de entidades financieras o bancarias. El no estar respaldadas supone que no van ligadas a actividad comercial y ventas reales de bienes y servicios.

Los instrumentos de pago más comunes en este tipo de prácticas ilícitas entre empresas son los llamados efectos comerciales, entre los que destacan en la práctica habitual el empleo de pagarés o letras de cambio.

El papel pelota es entendido a grandes rasgos como una operación ilícita y de fraude, el cual no obstante ha caído en los últimos años en desuso debido al avance de la tecnología y las nuevas prácticas financieras y bancarias. También es conocido como papel pelota en el ámbito de la economía.

Motivación para el uso del papel pelota

La línea de descuento creada es necesario que sea devuelta en un determinado plazo hasta su vencimiento. Es decir, librador que emprende esta acción coge aire o margen para poder conseguir fondos de cara a la devolución de ese importe descontado en inicio.

El papel pelota suele ser principalmente un recurso de las empresas más pequeñas para lograr financiación especialmente en situaciones más desesperadas o cercanas a la quiebra.

Ejemplo del uso de papel de colusión

Una empresa vendedora de calzado necesita obtener fondos con urgencia, por lo que pide a otra empresa que le provee de material que le facilite un efecto comercial cualquiera por una cantidad de dinero para que la empresa de calzado pueda obtener dicho importe justificando la existencia de una compra de material a la otra empresa que en realidad no tiene por qué realizarse en ese momento (a modo de favor suele darse y de mutuo acuerdo).

De ese modo el perjudicado sería la tercera parte, en la figura del prestador (casi siempre una entidad de crédito), que presta dicha cantidad sin una certeza sólida ni seguridad en cuanto a la devolución de ese dinero más intereses. Es habitual en ese sentido un alto riesgo de impagos.