El pasivo no corriente, también llamado pasivo fijo, está formado por todas aquellas deudas y obligaciones que tiene una empresa a largo plazo, es decir, las deudas cuyo vencimiento es mayor a un año y por lo tanto no deberán devolver el principal durante el año en curso, aunque si los intereses.

En el balance de situación, utilizado para llevar la contabilidad de la empresa, encontramos el pasivo, y dentro del pasivo podemos diferenciar el pasivo corriente y el pasivo no corriente. Nacen de la necesidad de financiación de la empresa, necesaria para la adquisición de activos no corrientes, cancelación de bonos y redención de las acciones preferentes entre otros, entre otras cosas.

Los elementos que constituyen el pasivo no corriente se puede diferenciar por su naturaleza:

  • Provisiones a largo plazo
  • Deudas a largo plazo
  • Deudas con empresas del grupo y asociados a largo plazo
  • Pasivos por impuesto diferido:
  • Periodificaciones a largo plazo

 

Cuando hablamos del pasivo no corriente nos referimos a créditos de financiación a largo plazo. De esta manera al diferenciar pasivo corriente (corto plazo) de pasivo no corriente (largo plazo) podemos organizar las finanzas de la empresa y de esta forma elaborar un calendario de pagos que se ajuste a las previsiones económicas y al modelo de negocio.

Una diferencia fundamental entre el pasivo no corriente y el pasivo corriente es que con un mayor pasivo no corriente en relación al corriente, la posibilidad de negociar con los accionistas con mayor fuerza obteniendo capital de una fuente de financiación más ventajosa que si lo solicitasen a entidades bancarias.

Entre los beneficios del pasivo no corriente es la liquidez que aporta a la empresa pudiendo utilizar este capital para nuevas inversiones y poder acelerar los planes de crecimiento. Desde el enfoque de la contabilidad financiera resulta indispensable crear un fondo de maniobra y para ello el activo corriente debe ser mayor que el pasivo corriente. Esto permitirá un margen de actuación en el caso de que haya desajustes en el calendario de cobros y pagos.

Sin embargo, en una situación como la que hemos vivido en la ultima década, muchas empresas se han visto obligadas a realizar un proceso de reestructuración de la deuda para poder solventar las deudas a corto plazo y evitar situaciones concursales. Esta reestructuración supone transformar deuda en corto a deuda en largo plazo, con lo que se gana tiempo para resolver los problemas financieros de la empresa.