Se conoce como periodo de carencia de un préstamo a una cláusula presente en el contrato que permite a una de las partes el no cumplimiento total o parcial del mismo durante un determinado periodo de tiempo.

El periodo de carencia de un préstamo a menudo supone un retraso o una especie de aplazamiento en lo que respecta al pago de cuotas regulares que conforman la devolución pactada. Pese a que conceptualmente esta es la prioridad del establecimiento de una carencia, existen otras opciones alternativas que prestamistas y prestatarios tienen la posibilidad de acordar.

Suele ser habitual que estos periodos sean definidos en el inicio de la vida de un préstamo, en su concesión como herramienta para hacer más atractivo éste o para facilitar el acceso al mismo a un mayor abanico de demandantes.

Aunque generalmente este término se asocia a los contratos de carácter hipotecario entre entidades financieras e individuos y empresas también es frecuente encontrarlo en otros muchos tipos de contratos financieros. Algunos de estos son los contratos de alquiler de viviendas y locales comerciales o en el mercado de seguros.

El principal problema que presenta la actuación con carencias es que en la mayoría de los casos alarga la vida de los préstamos retrasando la fecha de vencimiento y, por lo tanto, comprometiendo a sus titulares a estar ligados a la entidad durante más tiempo. Alternativamente, también suele encarecerse el coste total de la devolución del préstamo, pues las cuotas posteriores al periodo de carencia ascienden.

Carencia en un préstamo hipotecario

En gran medida por la grave crisis del mercado de la vivienda que ha atravesado el mundo en la última década este y otros muchos conceptos similares se han popularizado y adquirido una mayor relevancia.

En el caso más habitual, el del préstamo hipotecario para la adquisición de bienes inmuebles, existe la denominada como carencia de amortización; esta supone que el titular de la hipoteca tiene la posibilidad de reducir considerablemente la cuantía de sus cuotas al solo pagar los intereses relativos a dicho periodo y sin amortizar capital.

Este tipo de mecanismos es útil en el día a día económico para diversos fines, como el estímulo a la hora de llevar a cabo nuevos proyectos empresariales, fomentando la adquisición de vivienda o con fines sociales en ciertos casos como el de impagos continuos.

En casos más extremos o prolongados puede incluso aparecer un tipo de carencia más agresivo que supone la total eliminación de los pagos durante un tiempo pactado entre las partes.