Se produce superávit fiscal cuando en una administración pública los ingresos son mayores que los gastos en un periodo de tiempo, normalmente un año.

Se origina cuando una administración pública es capaz de recaudar suficiente dinero para afrontar sus gastos. Cuando hablamos del conjunto de las administraciones públicas de un país se conoce como superávit público, contexto en el cuál se pueden considerar sinónimos, ya que en cualquier caso se relaciona con la situación de la cuenta general de una administración pública.

Las administraciones públicas tienen la obligación de realizar un presupuesto para saber cuáles serán sus ingresos y gastos en el próximo año. Por ello, sabrán con anterioridad si un Estado va a tener o no superávit público. En este caso se conoce como superávit presupuestario, porque hace referencia al superávit fiscal previsto por el Gobierno al realizar los presupuestos del año siguiente.

También se denomina superávit fiscal cuando una administración recibe más dinero de otra en función de lo que aporta (por ejemplo entre una región y un Estado).

El término superávit fiscal refleja el estado en que se encuentran las finanzas públicas. Por el contrario, cuando la administración pública no recauda lo suficiente para cubrir sus necesidades, se dice que tiene un déficit fiscal.

Superávit fiscal como objetivo de los estados

Generalmente, se dice que un superávit fiscal es bueno, ya que es una manera de sanear las cuentas públicas, pero por otra parte no es recomendable detraer de la economía privada más dinero del necesario para cubrir el gasto público. Por su parte, el déficit fiscal puede ocasionar la falta de liquidez y necesidad de financiación de los gastos presupuestarios, ya sea mediante deuda (recurso más utilizado), como demorar los pagos, y en ocasiones, si la diferencia entre ingresos y gastos es grande, una administración puede ir a la quiebra.

Los superávits públicos son a menudo un objetivo a alcanzar por los estados, aunque no deben ser muy grandes. Por el contrario, diversos economistas consideran que los superávits públicos a la larga son perjudiciales para la iniciativa privada, ya que se traducen en que los impuestos son demasiado altos y que sustraen de la economía doméstica recursos que podrían ir a ampliar inversiones privadas y la creación de empleo.

Los estados suelen usar los excedentes de recursos públicos a la extensión de prestaciones y ayudas sociales o incorporar estos ingresos extras como mejora de las pensiones. Particularmente, los estados que suelen arrastrar déficits crónicos en sus cuentas públicas, suelen amortizar deuda pública en aquellos ejercicios en los que tienen superávit.