La Liga Hanseática fue un conglomerado de ciudades y de comunidades de comerciantes que se articuló bajo la forma de federación comercial y defensiva. Se creó en 1358 y se considera que perduró como tal hasta 1630. Sin embargo, algunas ciudades que formaron parte de esta federación siguieron manteniendo vínculos durante algunas décadas después. Estuvo compuesto por ciudades del norte de Alemania, así como de asentamientos y enclaves comerciales situados en el mar Báltico, los Países Bajos, Suecia, Polonia, Rusia y otros territorios bálticos. Su sede se encontraba Lübeck.

Los orígenes de la Liga Hanseática

La Liga Hanseática hunde sus raíces en los años centrales del siglo XII. En aquel momento, en diversas ciudades del norte de Alemania, la burguesía comercial consiguió hacerse con el poder. Con ello, estos sectores fueron capaces de controlar el comercio de la zona del Báltico. Además, la incapacidad política del Imperio Germánico, en un contexto de florecimiento del comercio y de mayores libertades políticas y económicas, favoreció que las ciudades se organizasen de forma autónoma. Con la ciudad de Lübeck como punto de referencia, los gremios (Hansa, en alemán de la época) promovieron el comercio de diversos productos, como la madera, la cera, el ámbar o cereales, con otras zonas del Báltico, que poseían un menor desarrollo social y económico. En este contexto, diversas ciudades comenzaron a crear alianzas, ligas, para defender sus intereses comunes y protegerse de los ataques de otros estados y de incursiones piratas.

A mediados del siglo XIII, Lübeck, se alió con Hamburgo. Posteriormente, otras ciudades, como Brujas (gracias a un acuerdo comercial con Flandes), Rostock o Wismar, se unieron a esta alianza. Junto con las ciudades, se adhirieron colonias de mercaderes alemanes que operaban en otras ciudades de Europa, como Londres, que se unieron a la Hansa de Colonia. Ello fue posible tras el permiso dado por Enrique III de Inglaterra a los mercaderes de Hamburgo y Lübeck para operar en su reino.

La cooperación entre ciudades y colonias de mercaderes fue creciendo y consolidándose, hasta alcanzar la forma de confederación. De tal forma, en Lübeck, en 1356 se reunió la primera Dieta, es decir, la asamblea, de la Liga, cuando comenzó a crearse la estructura oficial de la Liga.

La expansión de la Liga Hanseática: entre la cooperación y la confederación

Con la puesta en marcha de la estructura oficial de la Liga Hanseática, se abría la puerta a una nueva etapa para las ciudades que la conformaban. Una vez consolidados los lazos entre las ciudades aliadas, la expansión era cuestión de tiempo. Esta expansión tuvo como base la ciudad que ostentaba la capitalidad, Lübeck, gracias a su buena situación geográfica. Su ubicación, junto al Mar Báltico permitió el acceso a rutas comerciales que marchaban hacia Escandinavia y Rusia. Gracias a diversos acuerdos, como el firmado con la ciudad de Visby, se pudo acceder al puerto interior de Nóvgorod.

A pesar de la existencia de una estructura oficial, la Liga no fue capaz de articular una auténtica unidad política. De hecho, aunque las ciudades adheridas llegaron a ser 170, en la prácticas las asambleas se convocaban de forma irregular e, incluso, muchas ciudades declinaban la posibilidad de enviar representantes. Por tanto, durante este período, la Liga osciló entre la voluntad de convertirse en una entidad política unida y una simple herramienta de cooperación entre diferentes ciudades autónomas o independiente.

El largo declive de la Liga hasta su desaparición

El carácter autónomo de las ciudades que conformaban la Liga Hanseática significó uno de los principales motivos de su declive. La falta de una unidad política, que permitiese una acción suficientemente coordinada, más allá de determinados episodios, especialmente bélicos (como la guerra contra Dinamarca, entre 1368 y 1370), erosionó la fuerza que había logrado alcanzar.

Además, si bien es cierto que formar parte de la Hansa permitía alcanzar nuevas rutas comerciales, por contra, muchas ciudades restringían a los mercaderes hanseáticos a ciertas zonas de la ciudad. Ello limitaba la posibilidad de contacto con las poblaciones autóctonas y, por tanto, las oportunidades comerciales.

Un tercer elemento que influyó negativamente, fue la aparición de los Estados modernos, que sustituyeron las estructuras políticas del feudalismo, desde finales del siglo XV. Las ciudades, que actuaban de forma más o menos autónoma, pasaron a estar integradas en el marco de Estados soberanos, de las que, en última instancia, dependían, lo cual limitaba la autonomía de sus movimientos.

Por último, el descubrimiento del Nuevo Mundo, junto con la consolidación del poderío mercantil y marítimo de los Países Bajos e Inglaterra, fue el cuarto elemento que afectó negativamente a Liga. Con unas nuevas rutas marítimas, alejadas de las rutas comerciales a las que tenían acceso los hanseáticos y la consolidación de los imperios comerciales, la Liga no era capaz de competir al mismo nivel.

En 1630, solamente tres ciudades formaban parte de la Liga Hanseática:  Lübeck, Bremen y Hamburgo. Con estos tres miembros, su supervivencia, formalmente, se mantuvo durante 300 años más.

La Liga Hanseática: reflejo de un tiempo

La existencia, y el desarrollo, hasta su desaparición, de la Liga Hanseática, reflejan el devenir de Europa, durante los siglos que existió. El poder alcanzado por ciudades autónomas, gobernadas por mercaderes, fue fruto de un cambio en la estructura social y económica, en el que la nobleza feudal fue perdiendo terreno. También muestra como, durante la Baja Edad Media, el poder económico pasa de basarse en la posesión de tierras a estarlo en el control comercial. Su agonía, coincide, además, con la consolidación del Estado moderno, que cada vez más, logra influir en todos los ámbitos, dentro del marco territorial sobre el que extiende su poder. Un poder cada vez más férreo y centralizado que reducirá a su mínima expresión las redes y alianzas realizadas al margen de Estado, que tratará, a su vez, de homogeneizar los mercados en el interior de sus fronteras.

Al mismo tiempo, el desplazamiento del eje comercial, hacia el Nuevo Mundo, dejó a estas ciudades en una posición secundaria. El comercio y, por tanto, su poder, al que se vinculaba, acabó por disminuir drásticamente.