Liderazgo empresarial

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El liderazgo empresarial es una cualidad que ostenta una persona al mando de una compañía y que le permite influir en el comportamiento, así como en la toma de decisiones de los demás.

La gestión empresarial requiere de mucho más que los elementos tradicionales; planear, organizar, dirigir y controlar. Requiere también de talento de quienes están a cargo de personas, como también, de los procesos de negocio.

En este sentido, el liderazgo empresarial emerge como un conjunto de habilidades que pueden desarrollarse continuamente si se combinan; habilidades personales, técnicas y sociales.

Componentes del liderazgo empresarial

Entre los componentes o habilidades de un líder en el mundo de la empresa, podemos destacar tres:

  • Habilidades personales: Tiene que ver con el control y equilibrio de las emociones, más conocida como “inteligencia emocional”. Considerando lo competitivo del mercado y las presiones de los interesados en el negocio, mantener el equilibrio resulta una tarea difícil. Y es ahí, precisamente, donde muchas personas se debilitan y olvidan lo importante de las buenas relaciones. Ya que llega un momento en donde lo único que importa es “alcanzar la meta”, lamentablemente al costo que sea y olvidando los valores propios y en ocasiones, la ética.

Entrenar el equilibrio emocional cuando se está al frente de una organización es tan importante como los conocimientos duros acerca del negocio. La costumbre de “actuar de buena fé” debiese ser una práctica empresarial compartida, ya que así, las acciones no sólo se sustentan en la información que se tiene en el momento de tomar una decisión, sino que también, en valores.

  • Habilidades sociales: Es la relación con los demás, la formación de redes de contacto y el vínculo permanente con personas o grupos de interés para el negocio; en inglés se les denomina “stakeholders”. No obstante, se entiende como la capacidad de tener excelentes relaciones con las personas que están en todos los niveles de la organización. Lo cual se traduce en acciones que van desde; saludar a quien abre la puerta, hacer el esfuerzo por saber el nombre de quienes trabajan en la organización, preguntar cómo están, cómo se sienten y si les hace falta algo en lo que se les pueda ayudar. Unas acciones tan sencillas, pero que por consecuencia traerán buenas relaciones, un clima laboral agradable y obviamente, buenos resultados empresariales.

Por otra parte, esta misma calidad humana en las relaciones de negocios, hará que un ejecutivo sobresalga y se diferencie de los que sólo buscan “cerrar el negocio”. Así, además de mostrar talento para vender o generar beneficio monetario, tiene un interés en mantener una relación incondicional con su contraparte, sea para efectos de negocio, o no.

  • Habilidades técnicas: Se puede ser inteligente emocionalmente, tener capacidad para crear nuevas redes de trabajo, pero sin un sustento técnico adecuado, el negocio no prosperará.

Un ejecutivo debe tener pilares sólidos y conocer la industria en la cual está inserto, y por otra parte, una muy buena formación en finanzas, procesos, marketing, ventas y conocimiento de la normativa legal que rige su negocio.

Paralelamente, un buen líder empresarial jamás se estanca en conocimientos, ya que estará a la vanguardia de las tendencias y habilidades que se requieren. Para esto, existen cursos, diplomas, posgrados y maestrías que van dotando a los ejecutivos de los últimos conocimientos en marketing, negocios, proyectos, planificación, análisis financiero, estrategia, o la disciplina que el mercado esté demandando.

El perfil de un buen líder

En resumen, el perfil de un buen líder empresarial concentra a una persona con sólida formación teórica, capaz de argumentar sus decisiones porque ha desarrollado una visión integral del negocio y la industria. Adicionalmente, tiene talento para entrar en nuevos círculos y sumarlos a sus redes de contacto, generando lazos y relaciones de confianza.

Por último, es una persona equilibrada en sus emociones, capaz de separar sus estados emocionales, de las decisiones empresariales, ya que un paso en falso podría poner en riesgo a la organización, o dejar una mala reputación entre sus colaboradores internos.

Fomentar liderazgos de este tipo requiere de un autodiagnóstico, de una autocrítica y de atender a las necesidades de las que se carecen, para finalmente ponerlas en acción y mejorarlas constantemente.

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