Herbert Spencer

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Herbert Spencer vivió en el siglo XIX. Aunque de formación técnica, trabajó todo tipo de disciplinas, tanto en las ciencias naturales como en las sociales. Partidario del darwinismo social y firme defensor del individuo y del liberalismo más radical.

Herbert Spencer (1820 – 1903) nació en Derby (Inglaterra) el 27 de abril de 1820. Su familia formaba parte de la pequeña burguesía de la ciudad. Su padre, William George Spencer, era seguidor de la religión metodista, aunque acabó siguiendo la fe de la Sociedad Religiosa de los Amigos (o cuáqueros), basada en el calvinismo puritano. También fue secretario de la Derby Philosophical Society.

En este contexto, Herbert crece sin verdaderas convicciones dogmáticas definidas y muy influenciado por el empirismo. Además, de su padre heredó un fuerte sentimiento de oposición a todas las formas de autoridad. Esta característica será una constante de vida para el futuro filósofo.

Herbert Spencer, ingeniero y autodidacta

Su vida académica fue poco constante. Pero ello no le impidió obtener el título de ingeniero civil, y se dedicó algunos años a los ferrocarriles. Además, mantuvo una fuerte actitud autodidacta, con la que estudió diversas disciplinas, tanto de ciencias como de letras. En el ámbito de las ciencia naturales se interesó por las evolución. De hecho, en 1840 leyó los Principios de Geología, de Lyell. A pesar de que el autor criticaba las posiciones de Lamarck, Spencer se sintió atraído por ellas.

En 1845, gracias a una pequeña herencia, pudo renunciar a su empleo en el mundo de los ferrocarriles. Así, pudo dedicarse a lo que de verdad le interesaba: estudiar y publicar. De hecho, en 1848 asumió la dirección de la revista The Economist, órgano de expresión del liberalismo más radical del momento. En este periodo escribió su primera obra, “Social Statics” (1851). En ella predijo que la humanidad eventualmente se adaptaría completamente a las exigencias de la vida en la sociedad con la consecuente desaparición del estado. No obstante, la rutina del periodista tampoco le resultó atractiva. En cambio, el estudio de la naturaleza y su conexión con la actividad humana le atraía cada vez más

Su crecimiento intelectual

Desde 1853 se dedicó exclusivamente a escribir sus propias obras filosófico-científicas. Compartió debates con personalidades de alto nivel, como Stuart Mill, Harriet Martineau o Thomas Henry Huxley. Al mismo tiempo, entró en contacto con el positivismo de Auguste Comte. Con el francés mostró algunas coincidencias, pero, sobre todo, muchísimas diferencias, que marcarían su producción intelectual.

En 1855 completó una de sus obras más importantes, “The Principles of Psychology”. En ella, exploraba las bases fisiológicas de la psicología. Partía del supuesto fundamental de que la mente humana estaba sujeta a leyes naturales, que podrían descubrirse en el marco de la biología general. Esto permitía la adopción de una perspectiva de desarrollo no sólo en términos de individuo, sino también de la especie y la raza.

Desde este momento destacan algunas obras muy interesantes. En 1861 publicó “Education” que fue un éxito de ventas y recibió un gran reconocimiento incluso en círculos académicos. En 1862, salió a la luz el primer volumen de los “System of Synthetic Philosophy”. Fue seguido por los dos volúmenes de los “Principles of Biology” (1864 – 1867), los dos de “Principles of Psychology” (1870 – 1880), los tres de “Principles of Sociology” (1874 – 1896) y otros dos de “Principles of Ethics” (1879 – 1882), The Man Versus the State (1884). Póstumamente, en 1904, se publicó la “An Autobiography” en 2 volúmenes, y en 1911 ensayos sobre la educación.

Los últimos años de su vida

A pesar de lograr un notable éxito, algunas enfermedades (reales e irreales, pues era un conocido hipocondriaco), le llevaron a ausentarse de los espacios públicos. Al mismo tiempo, sus seguidores le fueron abandonando y muchos de sus amigos más cercanos habían fallecido.

Su pensamiento, desde un liberalismo progresista y radical se había vuelto cada vez más conservador, oponiéndose incluso al voto femenino que algunos años antes había defendido. Aunque, en cambio, sí se mantuvo firme en sus posturas antiimperialistas y pacifistas. Desilusionado y solo, finalmente murió el 8 de diciembre de 1903.

El pensamiento de Herbert Spencer

Herbert Spencer fue un ferviente individualista u crítico con todo tipo de autoridad. El británico elaboró una teoría general del progreso humano que combinó el evolucionismo darwinista con una sociología de corte organicista

Darwinismo social

A partir de la premisa organicista, Spencer busca, con un enfoque positivista, una teoría de la evolución válida tanto para el mundo natural como para el mundo social. Defiende la existencia de una ley universal de la evolución, que guía todo proceso natural y social. Para él, la evolución es el proceso durante el cual elementos no homogéneos y separados entran en dependencia mutua. Ello genera siempre una estructura más compleja que la anterior.

Spencer, busca la analogía entre el organismo biológico y el organismo social. Por ello, compara los cambios en la estructura del cuerpo a lo largo del tiempo y la interdependencia de las partes anatómicas y los órganos con los conceptos de división del trabajo y el crecimiento económico. Sin embargo, en todo este proceso, los mejores adaptados son los que permanecen. Es lo que ocurrió, por ejemplo, con la revolución industrial, en la que los artesanos, peor adaptados a la nueva situación, sucumbieron ante nuevas formas de producción, como los empresarios industriales.

Spencer prescribe algunos principios necesarios para garantizar una evolución constante de los organismos. Destacó el derecho de libre asociación, la política representativa, la protección del individuo, el liberalismo económico y la cooperación voluntaria.

Esto tuvo su proyección política, de forma que Herbert Spencer se mostró muy crítico con cualquier forma de socialismo. En su obra “The Man Versus the State”, denuncia esta ideología como la antesala de los regímenes burocráticos-militares. Pero al mismo tiempo, reclamaba el derecho igualitario de todos los hombres a usar el tierra. Sobre este último punto, llamó a reconciliación del hombre hacia sí mismo, resolviendo los conflictos sociales, y hacia su propio entorno, como un precursor de algunas posturas ecologistas.

Tres modelos de sociedad

En su concepción evolucionista, Spencer cree que existen tres estadios por los que debe pasar toda sociedad. Dos de ellas, en aquel momento, se habían dado total o parcialmente. La tercera es una proyección hacia el futuro.

El primer tipo es la sociedad militar de todas las sociedades premodernas). Se caracteriza por el predominio de la fuerza militar y una fuerte centralización del poder, y en la que domina con fuerza.

El segundo tipo es la sociedad industrial. En ella predominan las actividades industriales y productivas libres, dictada por el empresario que invierte en un sector. De este liberalismo económico se derivan todas las demás libertades, civiles y políticas. Pero la competencia está en el nivel más alto y, por lo tanto sobrevive el mejor adaptado.

La tercera surgirá cuando el hombre se dé cuenta de la deshumanizaición que ha sufrido en la anterior. Esta nueva etapa se dominará la cooperación basada en una ética capaz de armoniza egoísmo y altruismo, como ocurre en el mundo animal.

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