John Locke

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John Locke fue un pensador británico que vivió durante el siglo XVII. Mostró interés por diversas disciplinas, entre las cuales filosofía, política, medicina y ciencias experimentales.

John Locke nació en Wrington en 1632. Estudió en la Christ Church de Oxford. Al finalizar sus estudios permaneció allí para enseñar griego y retórica. Vivió en en uno de los períodos más turbulentos de la historia inglesa, que culminó con la instauración de la monarquía parlamentaria.

Locke mostró interés muy pronto por la política, lo que le le causó muchos problemas. También se interesó por la filosofía. En 1656 obtuvo el grado de bachelor en artes y en 1658 el de master. Curiosamente, obtuvo el título de medicina en 1674.

Además de por sus estudios, mostró un especial interés por la obra y el pensamiento de algunos filósofos. Entre ellos, Descartes, quien le influyó notablemente en sus ideas. También Pierre Gassendi, por la crítica que éste había realizado a la filosofía escolástica y a la propia filosofía cartesiana.

Tras la caída de Cromwell, en el periodo conocido como Restauración, Locke mostró ideas conservadoras. Un hecho que puede ser contrastado al examinar la prolífica correspondencia que mantuvo en aquel momento, tratando temas políticos o civiles.

De conservador a defensor de la revolución

En 1662 entró a formar parte de la Royal Society, entidad volcada en el fomento del conocimiento de la naturaleza. De esta manera se le reconocía como uno de los científicos más importantes de su época en las ciencias experimentales. En este momento Locke comenzó a modificar sus posiciones políticas y convertirse en partidario de las políticas liberales.

Su cambio político le llevó a exiliarse en Francia, entre 1675 y 1679. Allí trató y conoció el pensamiento y la intelectualidad francesa de la época. Posteriormente, entre 1683 y 1689, volvió al exilio, esta vez a Holanda. En 1686 Locke era uno de los los partidarios más enérgicos de la Revolución Gloriosa que llevaría a Guillermo de Orange, gobernador de Holanda, al trono inglés. Con la revolución triunfante, Inglaterra se convirtió en una monarquía parlamentaria y se configuró el régimen liberal del país.

De vuelta en Inglaterra, John Locke fue reconocido como uno de los intelectuales clave del nuevo sistema político británico. A partir de este momento se dedicó plenamente a su actividad filosófica. De este período datan sus principales obras: Carta sobre la tolerancia (1689), «Dos tratados sobre el gobierno» (1690) y «Ensayo sobre el intelecto humano» (1690).

Murió en 1704, con 72 años, en el castillo de Oates (Essex), donde vivió los últimos años de su vida.

El pensamiento de Locke

John Locke ha dejado una gran impronta en el pensamiento político y económico. Sobre asuntos políticos escribió en «Dos tratados sobre el gobierno» y en «Carta sobre la Tolerancia». En estas, el filósofo se convierte en defensor de las libertades de los hombres y de la tolerancia religiosa.

Planteó un estado hipotético de naturaleza en el que todos los hombres vivían en una situación de igualdad de derechos. En su proyección, todos los hombres disfrutaban del derecho a la libertad, la vida y la propiedad. El ejercicio de estos derechos se limita a su persona porque existía una ley de la naturaleza basada en la razón. Por esta ley, todos los hombres sabían que, siendo todos iguales e independientes, nadie debía perjudicar la vida, la salud, la libertad y la propiedad de los otros. Sin embargo, esta idílica situación podía alterarse. En opinión de Locke, cuando un individuo atacaba la ley natural y los derechos ajenos, se produciría un estado de guerra.

Según John Locke, la mejor forma para evitar esta situación de guerra fue crear un estado civil. Esta entidad sería la encargada de proteger protegiera mediante leyes, los derechos de los ciudadanos. En consecuencia, la génesis del estado se encuentra en el consenso de que es la mejor opción para defender la libertad y la igualdad de derechos. Según este acuerdo, el estado nunca estará legitimado para ostentar un poder absoluto. Ello se deriva de la hipótesis de que ningún puede privar a otro hombre de sus derechos naturales. Estos derechos, libertad, propiedad y vida no han sido otorgados por el soberano. En consecuencia, no pueden ser vulnerados por nadie, individuo o institución, bajo ningún concepto..

El contrato es el fundamento del estado

John Locke es un leal defensor del principio de tolerancia y libertad religiosa. Por ello, afirma que el estado no debe intervenir en asuntos de fe, los cuales tienen una naturaleza individual e íntima, por lo quedan fuera del alcance de la esfera pública.

El estado nace de un acuerdo, un contrato, del que forman parte los ciudadanos, tanto entre ellos, como entre ellos y el soberano. En tanto que acuerdo basado en la libre voluntad y con la finalidad de preservar los derechos individuales y el bien común, si el soberano no respeta o se extralimita en sus funciones y trata de imponerse a la ley ni a la ley, los ciudadanos cuentan con legitimidad para rebelarse.

Defiende que los poderes legislativo y ejecutivo nunca deben confiarse a una sola persona, sino que debe dividirse para controlarse entre sí. Esta idea es la base de la separación de poderes, un elemento fundamental en las democracias liberales, todavía hoy.

Esta teorización sobre el fundamento del estado y la defensa de los derechos ha permitido a Locke ser considerado el padre del liberalismo.

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