El capital financiero representa la totalidad del patrimonio de una persona a precios de mercado. Agrupa aquellas cantidades de dinero ahorradas, es decir, que no han sido consumidas por su propietario, sino que se encuentran invertidas en diferentes organismos financieros. Sumado al capital humano representa la riqueza total de una persona.

Se trata pues de un habitual concepto en el ámbito de las finanzas, ya que engloba a aquellas sumas monetarias con las que trabajan constantemente diferentes entidades financieras a lo largo y ancho del mundo. Nos estaríamos refiriendo a aquel capital que busca una renta, beneficio o interés más adelante y por tanto el incremento del propio capital. Estaríamos hablando por lo tanto de diferentes conceptos comunes a todos como acciones, obligaciones, bonos del estado o los simples depósitos de dinero en una entidad bancaria.

Su nacimiento e importancia en los últimos tiempos (especialmente en los siglos XX y XXI) ha sido una de las bases del funcionamiento del sistema capitalista en la economía a nivel global.

Al desarrollarse una especial concentración de capitales en torno a bancos y demás instituciones financieras se produce un traspaso de poder y responsabilidad a estos ámbitos para la vida política y socioeconómica de los países más desarrollados. Esto sucede debido a que estos organismos disponen de los recursos de dinero que reúnen y los emplean para financiar en el corto y el largo plazo a las empresas y familias, influyendo en la vida económica e industrial de cada nación.

Unos de los aspectos más importantes del capital financiero es el concepto de tiempo, ya que al abarcar rentas futuras está directamente relacionado con otros conceptos como el de inflación o el de poder adquisitivo. Esto se observa por ejemplo al hablar de una inversión en particular, la cual tiene una fecha de inicio del depósito y una de vencimiento en la que obtener la renta o dividendo resultante.