El certificado de depósito es un título financiero emitido por un Banco o una institución financiera  que ofrece un a rentabilidad fija en el periodo de tiempo determinado.

El cliente de esta institución invierte su capital en éste con una rentabilidad superior a la de un depósito comercial. Los certificados de depósito comenzaron a emitirse por los bancos comerciales de EEUU a partir de 1961.

Además, existe un mercado secundario dónde se puede llegar a intercambiar este título financiero dónde el inversor puede vender los títulos antes de su vencimiento, si bien es cierto que la liquidez es menor.

La emisión de un certificado de depósito requiere que sea atractiva en términos de rentabilidad en el tiempo para que los agentes que lo emiten puedan captar pasivo y convertirlo en forma de préstamos a un tipo de interés superior para que exista un margen de negocio o un margen de beneficios para la entidad financiera.

Hoy en día, es poco común la negociación de certificados de depósito salvo en algunos países de Latinoamérica dónde sigue siendo un negocio muy activo. El hecho de que se negocien menos, radica en que existe una gran ingeniería financiera con una importante variedad de productos muy atractivos para el inversor que hacen que la competencia sea mayor y que se puedan decantar por otro tipo de productos financieros. Además, existe una gran pericia por parte de los intermediarios financieros y las empresas para crear nuevos productos y negociar sus picos de tesorería dónde los canales de distribución son privados y, por tanto, también quitan cuota de mercado a los grandes bancos comerciales.

En Europa, se negocian muy pocos certificados de depósito y aquellos que se negocian son emisiones de ADRs o certificados de depósito de acciones sobre compañías que tienen presencia en Latinoamérica y que cotizan en estos países.