El desempleo friccional es el desempleo voluntario que dura el tiempo entre que un trabajador deja un empleo y encuentra otro. Es decir, el  desempleado decidió dejar su puesto de trabajo de forma voluntaria, ya sea para descansar, estudiar o para encontrar otro puesto de trabajo. 

El desempleo friccional por tanto, está supeditado a la situación personal de cada trabajador. Las razones para dejar el puesto de trabajo dependen de cada persona: desde el estudio, cuidado de familiares, hasta cambio de lugar de residencia, pasando, incluso, por un simple desacuerdo en las condiciones del puesto actual. A éste último caso se le llama desempleo de búsqueda (o de espera). Se da cuando se busca otro trabajo en el mismo sector, pero con mejor remuneración.

El desempleo friccional es una de las causas por las que no se llega a alcanzar el pleno empleo (al menos no en el sentido keynesiano). De este modo podemos convenir que el desempleo real es la propia tasa de desempleo menos el friccional (o voluntario). Otra de las causas para no alcanzar el pleno empleo es el desempleo estructural, que es el desajuste entre lo que buscan las empresas y los conocimientos o habilidades que ofrecen los trabajadores.

Representación gráfica del desempleo friccional

Para representar el nivel de desempleo friccional se usa la curva de Beveridge. Ésta relaciona la tasa de vacantes y la de desempleo a través de una pendiente negativa –no confundir con la curva de Philips, que establece una relación entre el paro y la inflación–. De este modo, los cambios en el mercado de trabajo en función de la oferta y la demanda de empleo harán que la curva de Beveridge se desplace en una dirección u otra.

curva-de-beveridge