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Saudi Aramco, petrolera controlada en su totalidad por el Gobierno saudí, es la mayor empresa mundial del sector y, de salir al mercado de valores, podría desbancar a Apple como la mayor compañía del mundo por capitalización bursátil.

“Estoy entusiasmado por dar este paso, creo que iría en favor de los intereses del mercado saudí y de la propia Aramco”, ha subrayado Muhammad bin Salmán, uno de los hijos del rey y máximo responsable económico del Gobierno, en una entrevista publicada en el semanario británico The Economist.

La caída del coste del petróleo está detrás de esta decisión. Con un precio por debajo de 40 dólares el barril y en medio de las tensiones con su rival Irán después de la ejecución del clérigo saudí Nimr Baqr al-Nimr, esta oferta pública de venta (OPV) formaría parte de un plan para abrir al exterior la economía del país. No obstante, las autoridades del reino, primer exportador mundial de crudo, tomarán la decisión definitiva en los próximos meses.

Sin embargo, el segundo heredero al trono saudí ya ha mantenido dos encuentros de alto nivel en los que ha planteado varias posibilidades: desde sacar al parqué la matriz, en la que está integrada el negocio principal de venta de petróleo, hasta limitar la venta a sus filiales petroquímicas y de refino.

El secretismo de Aramco

Riad valora Aramco en “billones de dólares” (miles de millones de dólares), pero el secretismo que rodea a la firma complica cualquier intento de tasación independiente; de hecho, la petrolera no revela información sobre sus ingresos y ofrece datos muy limitados sobre sus reservas.

Pese a ello, recientemente ha salido a la luz que la compañía había rebajado el precio de su petróleo a Europa, lo que ha sido interpretado como un intento de eliminar la competencia en un año en el que la República Islámica pretende aumentar sus ingresos petroleros tras el levantamiento de las sanciones por parte de la comunidad internacional. Además, no hay que olvidar que, según los escasos datos disponibles, Aramco produce el 12,5% del crudo mundial (3.500 millones de barriles solo en 2014).

Una salida a Bolsa acabaría con todo ese secretismo y, según los expertos, sería el último paso que daría el Gobierno Saudí. Para el príncipe Muhammad el objetivo es precisamente ese, hacer la empresa más transparente, pero las informaciones apuntan a que apenas saldría a Bolsa un 5% de la compañía y el reino seguiría ejerciendo el control sobre la sociedad.

Según Jason Tuvey, economista para Oriente Medio de Capital Economics, las implicaciones para el mercado del petróleo serán muy pequeñas porque no es probable que la política de Arabia Saudita cambie. “Se trata de un porcentaje pequeño de Aramco el que se vendería en el mercado. Por supuesto, si toda la compañía llegara a cotizar, esta iniciativa tendría consecuencias mucho más importantes, pero no es lo que se ha propuesto”.

Con todo, la intención de sacar a Bolsa a Aramco resulta sorprendente por dos motivos: el desplome en el precio del crudo, que cotiza a su nivel más bajo desde 2004, y las dificultades que atraviesan las petroleras de todo el mundo, que cotizan también a niveles inferiores. No obstante, sí es coherente con la intención saudí de buscar nuevas fuentes de ingresos después de que el déficit público se haya disparado hasta el 15%.