El crédito blando es un tipo de crédito en el que el prestamista ofrece unas condiciones muy favorables al prestatario.

Las condiciones favorables que disfruta el prestatario suelen ser, principalmente, de dos tipos:

  1. Tipos de interés bajos. Los créditos blandos pueden generar unos intereses muy bajos, inferiores a los tipos de interés de mercado (es decir, del resto del resto de créditos). Esto es una condición favorable ya que el coste para el prestatario es menor que en otros tipos de créditos.
  2. Plazos de devolución amplios. Los plazos de devolución en los créditos blandos pueden ser superiores al del resto de créditos del mercado. De esta forma, el prestatario dispone de más tiempo para devolver el crédito, lo que se traduce en una ventaja para el prestatario.

Los créditos blandos pueden tener las dos condiciones anteriores o una de ellas. Incluso podrían tener otras ventajas, aunque las más habituales son las anteriores.

Características de los créditos blandos

Las principales características de los créditos blandos son las siguientes:

  • La característica más importante son sus condiciones favorables, que suelen estar relacionadas con bajos tipos de interés o con plazos de devolución amplios.
  • El prestamista suele ser una entidad financiera de carácter público, ya que los créditos blandos no tienen como finalidad principal la obtención de rentabilidad. Por este motivo, las entidades financieras privadas no suelen ofrecer este tipo de créditos (ya que su principal objetivo es la obtención de beneficios), aunque en ocasiones las entidades públicas incentivan a los bancos privados para la concesión de créditos blandos.
  • Habitualmente, la concesión de estos créditos suele ir relacionado con un objetivo, normalmente de carácter social. Por eso se puede decir que los créditos blandos suelen ser subvenciones encubiertas.

Por lo demás, los créditos blandos tienen las mismas características formales que el resto de créditos.

Finalidad de los créditos blandos

Como hemos comentado anteriormente, los créditos blandos no tienen una finalidad económica, es decir, su principal objetivo no es la obtención de rentabilidad. Esto tiene lógica, ya que la principal características de estos créditos son sus condiciones favorables de financiación.

Por tanto, la principal finalidad de los créditos blandos suele tener un carácter social, para favorecer a ciertos agentes sociales. Hay muchos ejemplos de ello: créditos blandos para empresas (condicionadas a la realización de una serie de inversiones), créditos blandos para personas con ciertas dificultades económicas, etc. Por todo ello, los créditos blandos suelen proceder de fondos gubernamentales, concedidos de forma directa por entidades financieras públicas o de forma indirecta a través de entidades financieras privadas.