Como vimos en la entrada Economías de escala, hablamos de ellas cuando son alcanzadas ciertas ventajas en una producción “a gran escala”, tal y como su propio nombre indica. La base de estas economías reside en que los costes medios a largo plazo en la producción de “algo” van disminuyendo a medida que producimos más de ese “algo”.

Para que nos entendamos: funcionar a gran escala puede suponer cierto ahorro y el mejor empleo de los recursos que tenemos.

Supongamos el siguiente caso

Si entre varios amigos nos proponemos encargarnos de la fabricación de camisetas serigrafiadas, la camiseta nº 1 que produzcamos habrá costado más que la nº 100.

¿Por qué?

La fabricación de camisetas serigrafiadas nos supondrá la compra de camisetas en blanco, tinta, una máquina de serigrafía y demás materia prima, además de los gastos y molestias de correr la voz sobre nuestra incipiente actividad.

Es decir, existen unos costes fijos (la máquina para empezar a serigrafiar), unos costes variables (a medida que produzcamos más unidades iremos necesitando mayor número de camisetas en blanco) y de publicidad y marketing (tenemos que dar a conocer nuestro producto).

Si asumimos la producción de gran cantidad de camisetas, nos iremos dando cuenta de que por comprar gran cantidad de unidades blancas nuestro proveedor podrá hacernos un precio especial más bajo, al igual que ocurrirá con la tinta, o que el coste de la máquina ya fue asumido una primera vez y que habremos desarrollado un “know-how” productivo (o “nuestra manera de funcionar como equipo”).

Las economías de escala han sido muy importantes en la creación de las grandes empresas del mercado y su funcionamiento histórico. Además, también existen las Deseconomías de Escala si los costes medios a largo plazo crecen al aumentar el nivel de producción.