Cada vez los jóvenes se acercan a una edad más temprana al mundo de la economía y la empresa. En anteriores artículos hablábamos sobre la necesidad de impartir educación financiera en los centros de Educación Secundaria. De este modo, los alumnos empezarán a familiarizarse con los conceptos económicos más cotidianos, así como aprenderán a gestionar su propio dinero al tiempo que valoran las consecuencias económicas que tienen sus decisiones.

En países como España existe una elevada tasa de desempleo. Ante la dificultad para conseguir empleo por cuenta ajena, se busca fomentar el emprendimiento, qué mejor forma que a través del sistema educativo. Según el informe GEM sobre emprendimiento publicado en 2016, la tasa de actividad emprendedora en España es solo del 5,7%, mientras que países de América del Sur como Chile y Ecuador cuentan con tasas espectaculares, del 25,9% y del 33,6% respectivamente. Por ello, se ha instado a que a través de las instituciones educativas, el gobierno impulse el emprendimiento.

Los estudiantes no sólo van a tomar contacto con la economía a través de la educación financiera, pues en la Ley Orgánica de Mejora de Calidad de la Enseñanza (LOMCE) se da un importante peso al espíritu emprendedor, tratando de estimular a que los alumnos, en un futuro se lancen a crear su propio negocio.

En este sentido, la LOMCE, introduce una nueva asignatura llamada “Iniciación a la Actividad Emprendedora y Empresarial”. ¿Qué ofrece esta asignatura a los estudiantes de Educación Secundaria? “Iniciación a la Actividad Emprendedora y Empresarial” trata de despertar inquietudes entre los más jóvenes, incentivándoles a ser dueños de su propio destino a través de la creación de su propia empresa. La motivación es un aspecto clave a trabajar en esta asignatura, dado que los estudiantes aprenderán cómo buscar sus propios objetivos, a trabajar en equipo, a planificar, a comunicarse en la empresa y a mantener la ilusión en el día a día de su empresa.

Por otra parte, a los alumnos se les evaluará en dos competencias o habilidades fundamentales, como son la competencia social y ciudadana y la competencia emprendedora. A través de la competencia social y ciudadana se tratará de formar futuros empresarios comprometidos con el bienestar y el desarrollo de la sociedad, por lo que tiene un importante peso instruirles en lo que supone la Responsabilidad Social Corporativa. En cuanto a la competencia emprendedora, se buscará que los estudiantes tengan capacidad para proponer ideas, analizar situaciones, gestionar los riesgos y resolver los problemas que se puedan plantear en sus futuros negocios.

Para formar una generación de futuros empresarios, es necesario despertar inquietudes en el alumnado, transmitirles el emprendimiento como algo positivo, pues ellos serán sus propios jefes y se marcarán sus propios objetivos, lo que estimulará su creatividad y les dará un gran prestigio social como líderes de su propia empresa. No obstante, también se advierte a los estudiantes de los riesgos que conlleva crear un negocio. Prueba de ello es que el emprendimiento requiere mucho tiempo, una fuerte inversión, los ingresos van a ser variables y existe la posibilidad de fracasar.

Otra pregunta que se nos plantea es cómo enseñar en el aula estos conocimientos. Pues bien, no todo tienen por qué ser clases tradicionales en las que el profesor haga un monólogo y los alumnos se limiten a tomar apuntes. Existen ejercicios de simulación empresarial, en el que los alumnos pueden formar equipos, cada uno ocupándose de un departamento distinto de la empresa, o bien las tecnologías de la información y comunicación pueden ayudar a conocer ejemplos reales de emprendedores o a iniciarse en el manejo de programas informáticos aplicados a la empresa.

Por otra parte, invitar a emprendedores que expongan cómo lograron desarrollar su propio negocio puede aportar ideas a los alumnos al tiempo que les brinda la oportunidad de acercarse a una experiencia enriquecedora.