Se conoce como nacionalización o estatización al proceso mediante el cual el Estado pasa a ser propietario o controlador de bienes o actividades que hasta la fecha pertenecían al ámbito privado. De este modo, un medio de producción o explotación deja de pertenecer a empresas privadas para estar bajo el control de un gobierno en cuestión. El fenómeno contrario por definición a la nacionalización es la privatización.

Por medio de una nacionalización una industria o un bien pasa a convertirse en patrimonio de un país o de sus instituciones públicas. Este proceso suele tener a menudo algún tipo de contraprestación a modo de pago por la operación aunque esto no es estrictamente necesario. Esta compensación es habitualmente realizada con bonos del estado como instrumento de pago.

Por otra parte, estos bienes o servicios nacionalizados procedentes de manos privadas pueden tener origen nacional (es decir, de ciudadanos del propio país) o de inversores extranjeros en dicha localización. Por medio de este tipo de prácticas los países asumen el control o la propiedad de determinadas actividades, siendo las más habituales las relacionadas con el sector de infraestructuras, de sanidad o del ámbito energético.

Los estados a menudo justifican este mecanismo por razones de eficiencia (las empresas privadas buscan su propio beneficio y pueden no desarrollar la actividad de la mejor manera posible), de justicia social (razones ideológicas en defensa de la colectividad frente a la individualidad y el interés particular), de seguridad a nivel social o militar (si la defensa o la seguridad de los ciudadanos se ve amenazada por una determinada actividad empresarial) y por motivos de carácter político e ideológico (muy habitual en países con déficit democrático y gobiernos de corte socialista y comunista).

El peso ideológico es especialmente importante a la hora de hablar de una nacionalización, ya que atendiendo a la tendencia política y económica que un estado siga, se produce un tipo o otro de estatificación. Los países marcados por el socialismo busca la colectividad y que sea la sociedad la dueña y responsable de los medios de producción, mientras que en el caso opuesto de los países más nacionalistas y autoritarios el objetivo que se persigue es un estado fuerte que posea y controle todo el capital social posible en defensa de los intereses comunes.