La Aversión al riesgo es la preferencia de un inversor por evitar incertidumbre en sus inversiones financieras. Debido a esta actitud ante el riesgo, este tipo de individuos dirige su cartera de inversión a activos financieros más seguros aun siendo menos rentables.

El fenómeno de la aversión al riesgo supone por definición un cierto nivel de rechazo al riesgo por parte de una persona que invierte en los mercados financieros. A la hora de calificar a un individuo como opuesto al riesgo en el mundo de las decisiones de inversión es necesario valorar sus preferencias como un aspecto crucial a tener presente. Es por eso que la labor de un asesor financiero y su profesionalización a la hora de perfilar el riesgo de un cliente es decisivo.

Suele considerarse que existen al menos dos rasgos diferenciadores comunes en todo tipo de inversores:

  • Tienen un comportamiento racional que les lleva a desear el mayor beneficio posible, asumiendo riesgo.
  • Por lo general son enemigos del riesgo y evitan en la medida de sus posibilidades el tener que asumirlo.

La idea básica que puede extraerse y que resume el concepto de aversión al riesgo es que si se presentan dos opciones o alternativas a la hora de invertir, un individuo catalogado como “riesgo-averso” se decantará en la mayoría de las ocasiones por la que presente menos riesgo. Esto último no significa necesariamente que las alternativas arriesgadas sean siempre descartadas o renunciables.

La idea de aversión al riesgo implica a la vez que en el ámbito de las inversiones financieras, aquellas más arriesgadas deben ir acompañadas de un mayor grado de rentabilidad para que sean auténticas opciones elegibles, es por ello que hay una relación entre rentabilidad, riesgo y liquidez. Debido a esta convivencia entre riesgo y rentabilidad esperada, se suele dividir a los inversores aversos al riesgo en varios grupos dependiendo de su grado de aversión al riesgo.

Niveles de aversión al riesgo

  • Riesgo bajo: Las personas con una alta aversión al riesgo se identifican con un perfil muy conservador en términos de inversión y eligen alternativas financieras poco arriesgadas pero estables y con un nivel de rentabilidad menor aunque más seguro. Las letras del tesoro o algunos planes de pensiones que inviertan en renta fija pura o en activos monetarios a corto plazo, son ejemplos de este tipo de riesgo. Normalmente sus carteras de inversión tendrán un balance de máximo 30% renta variable y 70% renta fija.
  • Riesgo alto: En este otro nivel de riesgo pueden situarse a inversores más arriesgados que escogen productos de mayor nivel de incertidumbre aun sabiendo que son más inestables y que las pérdidas caben dentro de lo posible. Son ejemplos de este tipo de inversiones los bonos y fondos de inversión de sectores como el bancario, la energía o los recursos naturales. En este caso, las carteras de inversión tendrán un balance de 70% renta variable y 30% renta fija.

El grado de aversión del inversor suele estar directamente relacionado con diversos aspectos observables en el perfil de la persona que realiza una inversión, como su edad, su experiencia en finanzas.