Los bienes raíces son aquello que por su idiosincrasia no se pueden mover, denominados inmuebles.

Un bien raíz coincide con los bienes inmuebles como edificios, terrenos y cualquier derivado de éstos que están fijados a la tierra. Son denominados así debido a que no se pueden mover ni trasladar.

Este tipo de activos se denominan así porque están íntimamente unidos al suelo, ya sea de forma física o jurídica (son inseparables legalmente). También a los mismos efectos, los buques y aeronaves acuáticas son considerados bienes raíces, ya que su funcionalidad está en la superficie marítima, siendo inútiles si se desligan de éste.

En general, este tipo de bienes son considerados como activos fijos en la contabilidad y finanzas de las empresas, contando como mejoras o incrementos de valor aquellas reformas y añadidos que puedan aumentar su valor. Mención especial son las minas o vías de tren, que son también construcciones y cuyo activo principal es la propia construcción, ya sea por ser el origen de las extracciones o por ser el conducto preferente para la actividad económica.

Tipos de bien raíz

Suelen representarse diversos tipos de bienes raíces según su tipología:

  • Según su naturaleza: como el suelo y subsuelo (metro, tranvía, edificios..)
  • Bienes raíces por incorporación: como las construcciones (por estar asentadas de forma indefinida en el suelo)
  • Según su destino: que sirven e incrementan el valor de los bienes raíces principales. Son, generalmente, mejoras de éstos.
  • Según su analogía: como las hipotecas.
  • Bienes raíces por acceso: como el mobiliario fijo de los bienes raíces principales (puertas, ventanas, reformas…)
  • Por representación: como las escrituras y registros que otorgan la titularidad al propietario.

Los activos inmobiliarios pueden tener hipoteca, mientras que los muebles no, y además se pueden inscribir en registros públicos de la propiedad para un mayor control jurídico.