Luis de Molina

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Luis de Molina fue un teólogo miembro de la Compañía de Jesús. Es uno de los pocos miembros de la Escuela de Salamanca que no perteneció a los dominicos. Se opuso a toda forma de determinismo y mantuvo una postura favorable a la propiedad privada y al libre comercio.

Luis de Molina nació en 1535, en Cuenca. Inició estudios de Derecho en Salamanca, aunque no los finalizó. Desde allí marchó a la Universidad de Alcalá de Henares, donde estudió cánones y lógica, en 1552. Casi al mismo tiempo ingresó en la Compañía de Jesús. Solo un año después, sus superiores jesuitas lo enviaron a Lisboa, viaje que hizo a pie en peregrinación y viviendo de la limosna. Posteriormente se dirigió a Coimbra, en cuya universidad estudió Artes. Al finalizar estos estudió Teología en las también portugueses Évora y Coimbra. Se ordenó sacerdote en 1561 y en 1563, comenzó a ejercer como profesor de Artes en Coimbra, hasta 1567.

En 1568, el conquense consiguió la cátedra de vísperas de para enseñar Teología en la Universidad de Évora. Tres años después, en 1571, consigue hacerse con el grado de doctor en Teología. Ello le llevaría a ganar la cátedra de prima de Teología en la Universidad de Évora. En 1584 dejaría el mundo académico para trasladarse a Lisboa, donde se centró en la composición de sus obras.

Ya en 1591 volvió a España para vivir en Cuenca hasta el 1600. En este año se le designó profesor de Teología moral en el Colegio Imperial de Madrid. Sin embargo, nunca pudo ejercer este cargo, ya que murió en ese mismo año.

Su pensamiento abarcó un amplio abanico de conocimientos. Su base teológica influyó notablemente en su concepción del mundo. Defendió tajantemente la libertad humana, libre albedrío, lo que le llevó a posicionarse en favor de la libertad en todas las dimensiones.

El pensamiento de Luis de Molina

Luis de Molina es uno de los pocos considerados miembros de la Escuela de Salamanca que provienen de los jesuitas. Se le reconoce como un importante erudito, que supo desempeñarse en campos tan dispares como la teología, el derecho y la filosofía.

Se dedicó también a la economía, aunque desde una visión político-filosófica. Desde esta perspectiva escribió ‘De Justicia et Jure’, en la que reflexionó sobre ámbitos derecho, política y economía. Entre otros, trató temas como los impuestos, los precios y los monopolios, en los que mostró una perspectiva liberal clásica. Todos ellos muy presentes en la mayor parte de los miembros de la Escuela de Salamanca.

Fue un infatigable defensor de libre albedrío y combatió cualquier tipo de determinismo. Mantuvo esta postura en la llamada ‘Polémica de auxiliis’. En relación con ello, concibió la noción de ciencia media. Con este concepto buscaba conciliar la omnipotencia de Dios, con la libertad del ser humano. Su nombre deriva que se encuentra entre lo que se conocía como ciencia de simple inteligencia y ciencia de visión.

El libre comercio como expresión del libre albedrío

El jesuita aplicó el concepto de libertad humana y libre albedrío a su visión de la política y la economía. Señaló que de ella se deriva la noción de sociedad civil, ya que sin libertad de pensamiento y de acción, su existencia no tiene sentido. Por tanto, siempre mediante la gracia de Dios, los seres humanos disponen de la capacidad para desenvolverse como ciudadanos. Un rol indisolublemente ligado a la necesidad de tomar decisiones sobre cuestiones que afectan al bienestar material y espiritual de toda la sociedad.

Es desde este punto desde el cual Molina se reafirma como partidario del libre comercio. Entiende que este modelo es, precisamente, el más acorde a la libertad que Dios ha concedido al hombre. Por ello, se opone a cualquier intento por parte del poder político de regular los precios y los mercados. Como partidario de la libertad también defendió la legitimidad de la propiedad privada y calificó como una práctica inmoral la trata de esclavos

Su defensa de la libertad individual también le llevó a afirmar que el gobernante es, en realidad, un administrador. Y que, en realidad, el poder recae en el conjunto de los ciudadanos individuales. De esta forma, se significó como un adelantado a su tiempo, siendo un precursor de los pensadores liberales de los siglos XVIII y XIX.

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