Los retos de la economía mundial para el 2018

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¿Qué podemos esperar de la economía mundial en 2018? Analizamos los grandes retos que nos esperan en este nuevo año.

A lo largo del año pasado hemos presenciado importantes cambios en la economía mundial, como el aumento del endeudamiento o la vuelta de la inflación. A su vez, todos estos fenómenos han abierto un nuevo panorama económico que también trae nuevos desafíos para este año. En este artículo analizaremos cada uno de ellos.

Un nuevo ciclo monetario

Sin lugar a dudas, el mayor desafío que espera a la economía mundial en 2018 es el giro restrictivo de la política monetaria tanto en Estados Unidos como en Europa. En el primer caso es importante recordar que si bien los planes QE acabaron hace tiempo la Reserva Federal ha subido las tasas de interés tres veces a lo largo de 2017 y todo parece indicar que seguirá haciéndolo este año, al menos si se mantiene el actual ritmo de crecimiento, de creación de empleo y de inflación. En el Viejo Continente, por el contrario, el BCE ya ha anunciado el esperado tapering (retirada gradual del QE) aunque todavía no se ha pronunciado sobre una eventual subida de los tipos de referencia. Aún así, es posible que esto sea más difícil dada la disparidad entre países que subsiste en la Unión Europea y la debilidad de la inflación subyacente.

De cualquier manera, el gran desafío que deberán afrontar las economías desarrolladas es mantener sus tasas de crecimiento y de creación de empleo (además de evitar volver a la deflación, en el caso europeo) a pesar de contar con menos estímulos monetarios. Sin duda será una prueba para certificar la solidez de la recuperación, pero también necesaria para normalizar el mercado monetario y frenar el aumento de la deuda.

Se trata de asegurar que la recuperación se asienta sobre bases sólidas y no se crean burbujas en el futuro

Menos deuda, ¿menos crecimiento?

El segundo reto va directamente ligado al primero, ya que como hemos comentado algunas líneas más arriba es indudable que las políticas de expansión monetaria han contribuido a impulsar el crecimiento, pero no pueden mantenerse indefinidamente en el tiempo. Los motivos son varios, pero destaca el enorme tamaño que ya alcanzan los balances de algunos bancos centrales (23% del PIB para la Fed, 53% para el BCE, más del 100% para el Banco de Japón), el riesgo de que una financiación demasiado fácil pueda formar nuevas burbujas y el nivel de endeudamiento al que han llegado algunos países.

Por tanto el reto será reducir, o al menos estabilizar, el volumen de deuda (especialmente pública) sin resentir el crecimiento ni el empleo. También, dando por descontado que podría caer la inversión, el desafío pasaría por asegurar que se mantiene en los sectores más productivos y que su evolución sigue los parámetros naturales de un mercado monetario en equilibrio, más que los estímulos artificiales de los bancos centrales. En resumen, se trata de asegurar que la recuperación de las principales economías del mundo se asienta sobre bases sólidas y no se crean burbujas en el futuro.

Un nuevo tipo euro-dólar

El tercer reto también va ligado al giro de las políticas monetarias, pero a su vez está relacionado con otros factores como la inflación, las relaciones comerciales y la consolidación fiscal. Se trata de encontrar un nuevo tipo de cambio de equilibrio entre las dos principales monedas del mundo, el euro y el dólar. A lo largo de 2017, hemos visto un auténtico rally de la divisa europea (impulsada por los buenos datos de crecimiento en el Viejo Continente) a la vez que su homóloga norteamericana se debilitaba por la dificultad de Donald Trump para llevar a cabo sus promesas electorales. De la misma manera, también han influido otros factores como las posiciones largas contra el dólar que habían dominado los mercados a principios de año (con riesgo de sobreexposición) y los anuncios de Mario Draghi sobre el tapering en septiembre.

Sin embargo, es posible que estos factores ya no tengan una influencia tan decisiva, y tanto la Reserva Federal como el BCE ya parecen haber desvelado sus planes para el nuevo año. No obstante siempre habrá que tener en cuenta cuestiones como la consolidación fiscal europea, la negociación del Brexit, los efectos de la reforma tributaria de Trump y la balanza comercial en ambos lados del Atlántico para entender la evolución del tipo de cambio euro-dólar, el cual no ha dejado de variar a lo largo de 2017 y podría seguir haciéndolo en 2018.

Continuar con las reformas

Es precisamente en el marco de una nueva cotización donde nos encontramos con el cuarto reto: las reformas. Si bien ya hemos visto algunos pasos en este sentido el año pasado, el fenómeno de la globalización podría obligar a que el aumento de la competitividad en algunos países obligue a otros a emprender reformas en la misma dirección para poder mantener sus cuotas tanto en los mercados internacionales como domésticos. Es posible que quizás veamos esta necesidad con más claridad en Europa, a raíz de la mayor competitividad de China y Estados Unidos.

Por otra parte, la heterogeneidad que caracteriza a la Unión Europea es otro de los motivos por los cuales podemos pensar en un 2018 que traerá más reformas, ya que no todos los países han avanzado por igual en este sentido. Por el momento tenemos algunos ejemplos, como Alemania, España y en los últimos meses Francia, y por tanto es posible que otros estados miembros sigan su ejemplo.

¿Qué pasará con el Brexit?

Por último, es posible que 2018 sea un año importante para el futuro de la UE debido a las difíciles negociaciones en torno al Brexit. Teniendo en cuenta que la salida del Reino Unido del bloque comunitario está prevista para 2019, es de esperar que a lo largo de este año se intentarán determinar las condiciones del proceso y las relaciones entre ambas partes en el futuro. A su vez, la evolución de dichas negociaciones podría tener un fuerte impacto en los mercados europeos, constituyendo así uno de los grandes retos de la economía este año.

¿Mantener el crecimiento?

En conclusión, podemos decir que 2018 promete ser un año de nuevos retos para la economía mundial. Si en 2017 hemos visto una estabilidad que ha traído crecimiento y empleo, esperamos que este año el cambio de coyuntura no nos impida continuar en esa dirección.

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