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Después de años de políticas de austeridad fiscal y liberalización del mercado laboral, la mayor parte de países europeos ahora apuestan por subir el salario mínimo para recuperar el poder adquisitivo de los trabajadores. De esta manera se busca fomentar el consumo interno y así fortalecer la recuperación económica.

En los últimos años la revisión al alza del SMI (Salario Mínimo Interprofesional) parece ser una constante en casi toda Europa. Si en 2015 el gobierno británico anunciaba un aumento en la retribución mínima de los trabajadores  de más de mil euros (hasta los 1378€ actuales), otros países como Francia, Bélgica y Holanda también han avanzado en este sentido a pesar de que la economía europea se encuentra en peligro de deflación.

La tendencia es especialmente fuerte en Europa del Este, donde el aumento del SMI con respecto a 2007 alcanza proporciones aún mayores en Letonia (178%), Rumania (143%) y Bulgaria (125%). Cabe recordar que el año pasado incluso Alemania, que hasta entonces abanderaba las políticas de flexibilización laboral en Europa, se ha sumado estableciendo por primera vez un salario mínimo de unos 1440 euros al mes.

En España, el Gobierno ha anunciado un aumento del SMI del 8% para el año 2017 y la mayor parte de las fuerzas políticas se han mostrado favorables a seguir la tendencia europea, aunque algunos exigen incrementos aún mayores.

Ventajas de subir salario mínimo

En este sentido, los partidarios del SMI defienden que una revisión al alza daría lugar a un incremento del consumo interno a través de un doble efecto: por una parte, el aumento de la renta nominal de los trabajadores mejoraría su poder adquisitivo; por otra parte, una redistribución de la renta hacia los sectores más desfavorecidos potenciaría el gasto debido a la mayor propensión marginal a consumir de estos grupos.

Es así como un aumento del SMI fortalecería la demanda agregada vía consumo interno, y por lo tanto reforzaría la recuperación de la producción y del empleo.

De la misma forma, argumentan que un SMI más elevado también tendría importantes efectos redistributivos sin necesidad de realizar ningún esfuerzo fiscal. Según este análisis, los recursos destinados por las empresas a cubrir el incremento salarial se sustraen de los beneficios empresariales. Esto significa que los trabajadores menos remunerados pasarían a recibir una renta que de otro modo iría a parar a los propietarios, los cuales suelen disfrutar de un nivel de ingresos más elevado. De esta manera un aumento del SMI contribuiría a reducir las desigualdades sociales sin necesidad de recurrir al gasto público, como ocurre con muchas políticas sociales destinadas a este fin.

Por último, los defensores del SMI afirman que la existencia de un salario mínimo es un instrumento eficaz en la lucha contra la explotación laboral, ya que refuerza la posición de los trabajadores que de otra forma tendrían dificultades a la hora de negociar sus salarios. Al mismo tiempo un SMI más elevado contribuiría a aumentar la formación de capital humano y a reducir la temporalidad, ya que los empleadores suelen estar más abiertos a invertir a largo plazo en los trabajadores que tienen una remuneración más elevada.

Desventajas de subir el salarío mínimo

No obstante, el SMI también está abierto a análisis menos positivos. En primer lugar, sus detractores señalan que el efecto sobre el consumo solamente tendría lugar a corto plazo, ya que el coste aumentado de la mano de obra acabaría por trasladarse a los precios (generando inflación) y los trabajadores perderían el poder adquisitivo que habrían ganado en un primer momento.

A partir de entonces, el consumo interno solamente podría mejorar ligeramente gracias a la ilusión monetaria, y las autoridades deberían tomar medidas para no caer en un círculo vicioso de inflación y revisiones salariales.

Por otra parte, los efectos redistributivos del SMI tampoco están claros, ya que sus defensores suponen que un mayor salario mínimo resta beneficios empresariales que de otro modo pasarían a manos de unos propietarios con mayor nivel de renta. Sin embargo, olvidan que en muchas ocasiones esos beneficios se reinvierten en la empresa (mejorando las condiciones de los propios trabajadores) y que frecuentemente muchos de los accionistas en realidad son personas de rentas medias e incluso bajas. Además, la inflación generada por un SMI más elevado podría mermar el poder adquisitivo de los sectores de renta baja que dependen de prestaciones fijas, como los pensionistas o los desempleados que sobreviven gracias a ayudas públicas.

La inflación generada por un SMI más elevado podría mermar el poder adquisitivo de los sectores de renta baja que dependen de prestaciones fijas.

Adicionalmente, puede argumentarse que un SMI demasiado elevado puede tener un efecto nocivo sobre el desempleo, ya que podría expulsar a los trabajadores menos remunerados del mercado laboral. Esto significa, por ejemplo, que un salario mínimo de 1.000 euros impediría acceder a un empleo a todas aquellas personas que no puedan exigir esa cantidad por su trabajo, por el simple hecho de que éste aporta un valor inferior a la empresa. Por este motivo, en muchas ocasiones (especialmente en países poco desarrollados) los aumentos del SMI que no siguen la evolución de la productividad real solamente acaban fomentando el trabajo en negro, y tienen poca incidencia sobre la vida de los trabajadores. Por lo que el salario mínimo puede acabar perjudicando precisamente a los que se pretende ayudar imponiéndolo.

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En el marco teórico, si el salario mínimo está por encima del punto de equilibrio entre la oferta y la demanda del mercado laboral, se producirá una pérdida de empleo. Si está por debajo, no tendrá ningún efecto sobre el empleo. Lo difícil es saber donde está ese equilibrio.

El SMI en Europa

En cuanto al Viejo Continente, caracterizado hasta hace poco tiempo por la flexibilización laboral, el SMI ahora parece estar al alza en casi todos los países. Sus efectos sobre el empleo, sin embargo, son dispares y no parecen presentar ningún patrón claro.

Países UESMIAumento SMI (nominal)Aumento SMI (real)Aumento desempleo
Luxemburgo1.922,96 €28%6%2%
Bélgica1.501,82 €22%3%0%
Países Bajos1.501,80 €18%2%2%
Irlanda1.461,85 €13%4%5%
Francia1.457,52 €20%5%2%
Alemania1.440,00 €0%-15%-6%
Reino Unido1.378,87 €14%-11%0%
Eslovenia790,73 €54%33%3%
España756,70 €20%2%14%
Malta720,46 €23%3%-1%
Grecia683,76 €-4%-21%16%
Portugal589,17 €31%15%4%
Polonia409,53 €76%53%-6%
Croacia395,61 €0%-23%5%
Estonia390,00 €103%66%0%
Eslovaquia380,00 €109%88%-2%
Letonia360,00 €178%137%3%
Hungría332,76 €35%-3%-1%
República Checa331,71 €27%6%-2%
Lituania300,00 €88%54%3%
Rumania217,50 €143%98%0%
Bulgaria184,07 €125%89%0%
Dinamarca2%
Italia5%
Chipre10%
Austria0%
Finlandia2%
Suecia0%
Datos de 2015 para los salarios mínimos y comparativa con 2007 para los crecimientos. Evolución de los salarios reales descontando el IPCA anual acumulado en cada país. Fuente: Eurostat.

Entre los países más exitosos están Polonia, Hungría, Eslovaquia y la República Checa, los cuales han conseguido reducir su desempleo y subir el salario mínimo. Apostando por un modelo basado en la industria orientada a la exportación y en el desarrollo de sus mercados internos, la modernización de sus economías les ha permitido aumentar la productividad de sus trabajadores y gracias a esto han podido afrontar un aumento continuado de los salarios mínimos, generando un círculo virtuoso entre consumo y producción.

En el lado opuesto encontramos países como Portugal, Letonia y Lituania, que también han apostado por subir el salario mínimo, pero han sufrido un al mismo tiempo un crecimiento alarmante del desempleo. Por último también cabe señalar algunos casos de congelación del salario mínimo (Croacia) o de su reducción (Grecia), aunque ninguno de ellos parece haber sido capaz de generar empleo por sí mismo.

En cualquier caso, lo cierto es que el SMI es sin duda una de las claves del debate económico europeo actual. Si bien es cierto que su alcance real es limitado (ya que en muchos casos los salarios mínimos están establecidos por los convenios colectivos de cada sector) es importante como referencia de las condiciones laborales en un país. Como ya hemos comentado, las opiniones están divididas entre quienes buscan flexibilizar el mercado laboral y dirigir los esfuerzos a mejorar la productividad (contando con que ésta presionará al alza los salarios reales) y quienes buscan potenciar el SMI para fomentar el consumo. Independientemente de valoraciones ideológicas, en realidad el debate de fondo sobre aumentar la renta de un país actuando sobre la oferta o sobre la demanda: un dilema tan antiguo como la propia economía.