Un bien de capital, de equipo o de producción es aquel bien que será utilizado como parte del proceso de producción de otro bien y pasará a formar parte del capital de una empresa. No va destinado directamente al consumo directo por parte del cliente (como es el caso de los bienes de consumo). Por ejemplo, la máquina de una fábrica (como por ejemplo un alto horno de fundición de acero) podría ser clasificada como un bien de capital, ya que durante un periodo de tiempo prolongado formaría parte del capital de la empresa y además su función sería la producción de bienes manufacturados.

Es importante no confundir los bienes de capital con los bienes intermedios, ya que ambos forman parte de un proceso de producción pero su duración y consumo es diferente. Podemos decir, por tanto, que los bienes de equipo tienen una duración más larga y más dependiente de su propia vida útil que de los ciclos de producción, mientras que los bienes intermedios serán transformados durante el proceso para ser convertidos en bienes de consumo. Continuando con el ejemplo del párrafo anterior, un alto horno sería un bien de capital mientras que las planchas de hierro destinadas a convertirse en acero se clasificarían como bienes intermedios.

Los bienes de equipo forman una parte esencial de la acumulación de capital que en un sistema capitalista permite la producción de bienes, es decir, del proceso por el cual las empresas invierten sus ahorros o beneficios en contar con los medios adecuados para desarrollar sus actividades. Este tipo de bienes pertenecería a lo que comúnmente denominamos “capital físico”, que a su vez se distingue del humano y entre ambos ponen en marcha el proceso de acumulación de capital.

La producción de bienes de equipo en un país ha sido tradicionalmente (y sobre todo a partir de la Segunda Revolución Industrial) una señal inequívoca de desarrollo económico, ya que señala la capacidad de contar con una tecnología propia para producir bienes manufacturados (con mayor valor añadido que las materias primas). Esta actividad, además de generar grandes volúmenes de empleo y de inversión, suele ir acompañado del desarrollo de un sector financiero fuerte para apoyar sus actividades, además de otros servicios auxiliares. Suele considerarse por tanto un pilar del sistema productivo en la mayor parte de los países desarrollados.