Venezuela, hundida en el caos monetario

El pasado 5 de diciembre entraba en circulación de manera oficial la nueva moneda venezolana, llamada “bolívar soberano”. La medida llevada a cabo por el gobierno supone la enésima reforma intentada en los últimos años con el objetivo de fortalecer una divisa débil y profundamente devaluada por la hiperinflación y por la falta de reservas. 

Partiendo de lo anterior como base, en lo que sigue, comentaremos las causas y consecuencias de este hecho. Es decir, qué eventos han provocado lo que está viviendo ahora el país venezolano.

¿Cómo empezó todo?

Las causas del caos monetario en el que se encuentra sumergida Venezuela desde hace años son variadas y complejas. No obstante, podemos destacar al menos dos de ellas.

Déficit público estructural

La primera sin duda es el déficit público, consecuencia de una política fiscal decididamente expansiva basada en la multiplicación de entes públicos para dirigir la producción del país y de todo tipo de subsidios sociales. Subsidios que van desde rentas garantizadas a precios subvencionados para productos básicos. El resultado de estas políticas fue un aumento desmedido del gasto del Estado. Además, claro está, de una economía cada vez más ineficiente y dependiente de las inyecciones periódicas de dinero público.

Así fue como durante años la economía venezolana iba poco a poco acentuando su debilidad. Sin embargo, la subida del precio del petróleo en los mercados internacionales permitía financiar los desajustes. De esta manera, los gastos excesivos de la política económica chavista quedaban en cierta medida compensados por la continua provisión de dólares generados por el «oro negro».

Los ingresos obtenidos por esta vía alcanzaron un máximo de 90.000 millones en 2008, lo cual permitió mantener unas tasas de crecimiento económico del 5% a la vez que se reducía la deuda pública y se mantenía la inflación en niveles moderados. Moderados, decimos, si los comparamos con los registrados en el país en los años 90. El corolario de estos años de aparente bonanza fue la caída de la inversión extranjera, la contracción del sector privado y un aumento de la dependencia con respecto al petróleo, cuyos ingresos llegaron a representar el 45% del total del Estado.

Un giro de tuerca: la caída de los precios del petróleo

Todo cambió a partir de 2015, cuando los precios del petróleo comenzaron a caer en los mercados internacionales y se desplomaron un 77% con respecto a su máximo histórico. El resultado fue una contracción inmediata de los ingresos del Estado. Los cuales, no pudieron ser compensados por subidas de impuestos ni por las expropiaciones de empresas privadas. 

A partir de entonces a las autoridades venezolanas se les abrieron tres estrategias alternativas con las que equilibrar las finanzas públicas:

  • Ajuste fiscal: La primera, realizar un ajuste fiscal, era posiblemente inaceptable para la clase dirigente del país. Hubiera supuesto reducir el gasto público y, por tanto, dar marcha atrás en las políticas implementadas hasta entonces. Reconociendo en última instancia el fracaso de su programa.
  • Emitir deuda: La segunda opción era más difícil de llevar a cabo, dado que un requisito indispensable para que un país pueda emitir deuda a un coste razonable es su capacidad para generar confianza en los inversores internacionales. Algo completamente perdido en la primera década del siglo XXI. Consecuencia de la ejecución de numerosas expropiaciones de empresas extranjeras.
  • Monetización de la deuda: Esto dejaba la monetización del déficit como la única vía posible, lo cual como veremos acabó constituyendo un auténtico desastre a largo plazo.

Así fue como la economía del país comenzó a andar por una senda no muy diferente de la elegida por la fracasada República de Weimar en los años 20: para afrontar unas obligaciones inasumibles (impuestas por otros países en el caso alemán, por los propios políticos en el venezolano) el Banco Central multiplicó las emisiones de dinero sin que este aumento se viera acompañado por otro proporcional en la producción o por las reservas de divisas extranjeras. La consecuencia fue, por tanto, un crecimiento desmedido de la oferta monetaria con respecto a la demanda real. Lo cual, como indican las leyes del mercado, solo puede tener una consecuencia posible: la caída del precio del producto. En este caso de la cotización de la moneda.

De esta manera las tasas de inflación se dispararon y comenzó lo que ya podemos denominar un auténtico caos monetario, poniendo a prueba teorías tan consolidadas como la curva de Phillips. Los primeros productos que prácticamente desaparecieron de la vida de los venezolanos fueron naturalmente los importados. Pero pronto, la escasez también se extendió a los nacionales dada la poca diversificación de la economía del país. Ello, como consecuencia de los controles de precios por parte del gobierno, los cuales desincentivaban la producción al obligar a los empresarios a vender a precios por debajo de los costes de producción.

Desde entonces los precios se han disparado dando lugar a un auténtico estado de hiperinflación, donde la última estimación elaborada por Bloomberg —el gobierno ya ha dejado de publicar datos completos sobre el nivel general de precios— habla de un 43.378% en los últimos doce meses, con una proyección de 482.153% para el próximo año. Las previsiones del FMI tampoco son más optimistas. Así, según el organismo internacional, la inflación en Venezuela podría cerrar en 1.370.000% este año y superar el 10.000.000% en 2019.

Reformas monetarias y criptomonedas

La reacción del gobierno ante el caos monetario ha sido compleja, a veces contradictoria e incluso podríamos decir contraproducente. En los últimos años, las autoridades venezolanas han puesto en marcha una serie de reformas monetarias que han fracasado sucesivamente:

  • 2008: En este año se cambió el bolívar por el “bolívar fuerte” (quitando 3 ceros al valor nominal de la moneda)
  • 2016: Se dejaron fuera de circulación los billetes de mayor denominación: 100 bolívares fuertes. Un mes después restituyeron su validez durante 1 año y medio.
  • 2018: En mayo de 2018 se introdujo la nueva moneda: el bolívar soberano. Esta vez quitando 5 ceros al valor nominal.

La última ocurrencia de la política monetaria bolivariana fue la introducción del Petro, una criptomoneda cuyo valor supuestamente está respaldado por las abundantes reservas del petróleo con las que cuenta el país. De esta manera los precios y salarios estarían denominados en una divisa más estable y no sufrirían los efectos de una devaluación continua como ha ocurrido hasta ahora.

El problema de esta solución —salvando la evidente contradicción que presenta una criptomoneda oficial, cuando las divisas de este tipo precisamente tienen su razón de ser en el hecho de que no están controladas por ningún gobierno— es que si bien el valor de un petro equivale al de un barril de Brent, éste se denomina en dólares. Lo que significa que cualquier movimiento al alza en los precios del crudo devaluará necesariamente la moneda nacional. De la misma manera tampoco invita a la confianza el hecho de que el bolívar no pueda cotizar libremente en los mercados, y que solamente pueda hacerlo con el dólar a través del petro (siendo el precio de esta moneda establecido discrecionalmente por el propio gobierno).

¿Existe una solución?

Mientras tanto, la situación humanitaria se ha degradado terriblemente. Ya son más de 4 millones las personas que han abandonado el país ante la grave carestía de alimentos. Habiendo recurrido a su enésima reforma monetaria, el gobierno sigue acaparando titulares con ocurrencias cada vez más extravagantes como el “Plan Conejo” o el “Plan Nacional de Ahorro”.

El Plan Conejo consistía en pedir a los ciudadanos que criaran estos animales en su casa para contribuir a la producción nacional de alimentos. Por su parte, el Plan Nacional de Ahorro, animaba a adquirir láminas de oro a la población de un país donde el sueldo mínimo no alcanza para comprar una lata de atún. Todo lo cual nos lleva a la conclusión evidente de que una mejora de la economía sería prácticamente imposible sin un cambio político.

¿Estará la solución en el cambio político?

Lamentablemente el ámbito de la política queda fuera del alcance de esta publicación. Lo que sí podemos permitirnos una reflexión al respecto.

Si la economía venezolana sufre hoy no es por factores exclusivamente económicos, sino por políticas que no han funcionado. El aumento del protagonismo del Estado como actor económico, si bien pudo haber traído beneficios aparentes en los primeros años, acabó ligando la economía a la política de tal manera que hoy ambas parecen realidades inseparables. Ante eso, de nada sirve hablar de las reformas que podría llevar a cabo Venezuela para salir adelante, si las decisiones no las toman los ciudadanos en los mercados sino los burócratas desde sus despachos.

Ese es el precio de entregar el control de la economía a la clase política y así entrar en un círculo de intervención y arbitrariedad del que es casi imposible salir, ya que no son muchos los gobernantes que ceden de buena voluntad las cuotas de poder que ya han adquirido. Por ese motivo, e independientemente de la solución política más conveniente para el país, con respecto a la económica sí podemos asegurar una cosa: debe pasar necesariamente por la despolitización de la economía.

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2 comentarios en “Venezuela, hundida en el caos monetario”

  1. Interesante comentario, pero que desgraciadamente es un comentario que no deja de tener su respectivo nivel de sesgo político a pesar de intentar eludirlo.
    Todos estamos de acuerdo en que Venezuela está en serias dificultades económicas, que su situación es compleja y lamentable…pero hay responsabilidades de muchos actores:
    1.- El gobierno extremadamente populista de Maduro, de lenguaje político añejo, que no convence ni genera confianza y mucho menos unidad entre su pueblo.
    2.- El valor de los precios del petróleo, principal fuente de ingresos y quizás la principal causa de desestabilización económica.
    3.- El aprovechamiento político de la oposición derechista, los empresarios y sus mayoritarios medios de comunicación, que llamaban incluso al derrocamiento del gobierno, en una loca carrera conspirativa tendiente a crear todo tipo de caos y anarquía.
    4.- El Boicot Económico impulsado desde EE.UU., financiamiento y conspiración que impedía al Gobierno venezolano hacer cualquier tipo de transacción económica, manejo del dólar, hiperinflación, control de mercados internacionales, que no permitían ni siquiera comprar medicamentos…
    5.- Difícilmente un país pueda salir fácilmente de una crisis con tantos intereses conspirativos de tantos actores, adicionando la inapropiada forma e incompetencia de un gobierno carente de humildad e inteligencia política.

    • Buenas tardes Peter,

      Ante todo muchas gracias por tu comentario, haces observaciones muy interesantes sobre la situación de Venezuela sobre todo en cuanto a los factores internacionales. Como bien dices el artículo intenta evitar tener un sesgo político, pero efectivamente lo tiene: de hecho lo que lamentamos en el último párrafo es que en las economías más intervenidas es imposible hablar de economía sin sacar conclusiones sobre la política económica de un gobierno. Si bien desde Economipedia siempre intentamos limitarnos a la esfera estrictamente económica, en los países donde el Estado tiene un papel tan fundamental en la economía como Venezuela es inevitable incluir la política como factor para explicar la coyuntura económica. No se trata de ideología política, sino de incluir en el análisis un factor sin duda imprescindible.
      Con respecto al petróleo totalmente de acuerdo con lo que comentas, la caída de los precios es sin duda uno de los factores más importantes de la crisis actual pero desde luego no el único, ya que no ha afectado de la misma manera a países igualmente petroleros como los del Golfo Pérsico o Rusia.
      En cuanto al papel de Estados Unidos en la crisis personalmente soy más escéptico, ya que la crisis venezolana lleva gestándose desde hace varios años y las sanciones de sobre bienes nacionales solamente se aprobaron en 2018 (hasta entonces se limitaban mayoritariamente a bienes personales de miembros del gobierno). Tampoco deberíamos olvidar las compras de petróleo venezolano desde Estados Unidos durante años (hoy un 45% de la producción del país) y las inyecciones de dólares que supusieron inversiones como la compra de bonos de PDVSA por parte de Goldman Sachs en 2017.
      En cualquier caso, como comentas es cierto que lamentablemente se trata de una situación muy compleja, y además difícilmente separable de la política. Nuevamente muchas gracias por tu comentario.

      Un saludo,

      Federico J. Caballero Ferrari

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