En el ámbito económico, solemos definir al patrimonio como un conjunto de bienes, derechos, obligaciones o deudas con los que una persona, empresa o sociedad cuenta y los cuales emplea para lograr sus objetivos. En ese sentido, se pueden entender como sus recursos y el uso que se les da a estos.

Los elementos que forman parte de un patrimonio pueden considerarse como propios o también como heredados. Por otra parte, dan una idea del estado en términos de riqueza o bienestar de individuos o colectivos. A menudo se suele identificar al patrimonio con otros términos como riqueza o hacienda, ya sea de personas físicas o jurídicas y procedentes de los ámbitos tanto públicos como privados, lo que incluye a empresas, organizaciones no lucrativas o países.

Si nos centramos en un enfoque más ligado a la contabilidad, definiríamos el patrimonio como una suma de un activo y un pasivo que se encuentran estrechamente vinculados y relacionados, de tal manera que el activo engloba los bienes y activos reales mientras que el pasivo se refiere a obligaciones y deudas con los que cuenta la persona o empresa.

Una de las principales características de los patrimonios es que tienen la posibilidad de ser estimados y calculados en términos económicos. La presentación de patrimonios es frecuente en sectores como el financiero o el empresarial, especialmente en situaciones de negociación entre entidades, compra y venta de empresas o estudios de viabilidad económica. En ese sentido, se podría decir que el cálculo del valor de un patrimonio ayuda a dar una imagen fiel de una organización o sociedad y la capacidad de sus recursos ante nuevas metas u objetivos.

Otro ejemplo destacado en el cual la declaración de patrimonio es especialmente importante en el caso de las personas o trabajadores públicos, ya que estos muestran sus bienes propios antes y después de acceder a puestos de responsabilidad y de este modo mostrar que no se hayan lucrado del mismo indebida e ilícitamente.

Una derivación corriente de este concepto es la de patrimonio cultural. Esta aplicación del término se dirige a la herencia cultural de una comunidad o un territorio; es decir, a sus monumentos históricos, obras culturales, lugares protegidos o costumbres y tradiciones arraigadas. Es decir, una herencia de carácter cultural que debe preservarse de generación en generación.