La OCDE mejora las perspectivas de crecimiento para México y le pone deberes

Bandera México

Todos pensaban que la llegada de Trump a la presidencia de Estados Unidos podía ser catastrófica para la economía mexicana. La realidad parece ser muy distinta y la buena marcha de la economía estadounidense parece estar beneficiando a México.

Las relaciones comerciales entre México y Estados Unidos por el momento continúan siendo fluidas. La dependencia económica que mutua que mantienen ambos países provoca que en este momento, ambos salgan beneficiados. ¿A qué se debe esto? La medida estrella en política económica del presidente Trump consistía en una bajada de impuestos sin precedentes que ya desgranamos en nuestro artículo “Trump anuncia la mayor bajada de impuestos de la historia de los EEUU”. Pues bien, esta rebaja fiscal permite que los estadounidenses dispongan de más renta para gastar, lo que conlleva un aumento del consumo privado y por ello, las exportaciones de México, cuya cuarta parte del Producto Interior Bruto depende de Estados Unidos, se ven notablemente incrementadas.

Buenas perspectivas de crecimiento

Es por ello que la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) ha mejorado sus estimaciones de crecimiento para el presente año (2,5%) y para el próximo, que se situarán en el 2,8%. Pese a todo, el horizonte de la economía mexicana también presenta dudas, como el futuro del TLCAN. Y es que si Trump decide poner fin al Tratado de Libre Comercio de América del Norte, México puede resentirse gravemente, dado que Estados Unidos es su primer socio comercial.

Bien es cierto que el crecimiento económico es uno de los principales objetivos macroeconómicos, pero tampoco hay que olvidarse del control de la inflación. En nuestro artículo “México batalla contra la inflación subiendo los tipos de interés”, advertíamos de que el Banco de México subía los tipos de interés para poner freno a la excesiva subida de los niveles de precios. Los tipos de interés se encuentran actualmente en el 7,5%. Sin embargo, desde la OCDE creen que se logrará controlar la inflación y que progresivamente, a medida que la presión de la inflación vaya disminuyendo, se podrá ir relajando la estricta política monetaria.

Normalmente el incremento de los tipos de interés disminuye el consumo, lo que supone también una minoración del crecimiento económico, pero en el caso de México, el crecimiento no se resentirá. Los expertos vaticinan que el consumo privado aguantará la subida de tipos de interés, la fortaleza de la demanda global y el gasto para la reconstrucción por los sismos contribuirán a dar continuidad al crecimiento económico mexicano.

Deberes en materia de política fiscal

Ahora bien, la OCDE ha puesto deberes al gobierno mexicano. Uno de los grandes problemas de la economía de esta gran nación latinoamericana es la distribución de la riqueza. Llama la atención que entre las mayores fortunas mundiales podamos encontrar a varios mexicanos, mientras que 53 millones de personas permanecen en situación de pobreza. Este es el motivo de que la OCDE haya formulado una serie de recomendaciones en materia de política fiscal, que entre otras cosas, es un instrumento que puede emplearse para lograr una mejor distribución de la riqueza.

Por otra parte, el sistema de recaudación fiscal mexicano es insuficiente para recaudar los recursos necesarios. Frente al 25% del PIB recaudado de media en América Latina, México solo consigue recaudar el 17% del PIB. La baja recaudación mexicana es insuficiente para sufragar un gasto social que permita una mejor redistribución de la riqueza y que a su vez permita financiar servicios públicos para la ciudadanía. Desde 1985 el gasto social en México ha pasado del 2% al actual 8%, cifra que continua siendo insuficiente. Otro capítulo en el que México debe seguir llevando a cabo mejoras es en la inversión en infraestructuras, que ha disminuido y se sitúa en un 1,8%, una de las cantidades más bajas del mundo desarrollado.

Las soluciones que se sugieren desde la OCDE son la subida de los impuestos medioambientales, limitar lo máximo posible el tipo reducido de un impuesto indirecto como es el IVA, la creación de un impuesto sobre las herencias y el aumento de los tributos que gravan las propiedades inmobiliarias.

No obstante, en julio, México deberá afrontar unas elecciones presidenciales y ninguno de los candidatos ha propuesto la subida de impuestos o la creación de nuevos tributos.

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